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Un marinero en Puerto Nordelta

Claudio Barrios trabaja en la Capitanía del puerto nordelteño. Es parte del equipo que asiste a los más de 350 barcos que están en las amarras de la Ciudad que tienen salida al Río Luján.

Un marinero en Puerto Nordelta

Yo soy marinero”, dice Claudio Barrios. Y muestra con orgullo su carnet de Timonel: Marinero clase A”, dice. Trabaja en la Capitanía de Puerto Nordelta, es parte del equipo que atiende a los más de 350 barcos que amarran en el área ribereña de la Ciudad.

Claudio descubrió su vocación a los 17 años, cuando comenzó a trabajar en el Club de Veleros Barlovento. A principios de los años 90 conoció la zona donde luego se construiría Nordelta. El vivía cerca de la ruta 27, e iba a trabajar al club Delta Argentino en una piragüa, cruzando la zona de la actual Bahía Grande. “Ví como construían la Ciudad, recuerda”. Estuvo embarcado durante años, colaboró en distintos clubes, y hace ya casi 10 años que trabaja en la Asociación Vecinal Nordelta. Soy de los que puede decir que trabajo de lo que me gusta, mi trabajo es lo mejor”, dice lleno de satisfacción.

En la Capitanía de Puerto Nordelta trabajan 7 personas, brindando servicio a la totalidad de los barcos que se encuentran distribuidos en los diferentes sectores de amarras de Bahía Grande, Marinas del Canal, Ribera, Puerto Escondido, Yacht y Aqua Río. “En un día de fin de semana de verano, salen a navegar más de 100”, señala, recordando el ajetreo que eso implica.

El equipo de la Capitanía brinda ayuda a los propietarios en la preparación de los barcos, cuando zarpan y también a su regreso facilitando su maniobra de atraque. Estamos al servicio del vecino”, define Claudio. El día del grupo comienza con un recorrido barco por barco, viendo que todos estén bien amarrados, con las lonas sujetas, con su flotabilidad garantizada. Luego viene el momento de la limpieza, del orden, para que todo esté impecable cuando lleguen los propietarios.

Pero Claudio y los demás marineros de la Capitanía van más allá, y están capacitados para cualquier tipo de emergencia que pueda tener un barco en el Puerto, sea ingreso de agua, un incendio, la necesidad de remolque por falta de propulsión. Tienen los elementos para enfrentar esas situaciones, una lancha especialmente equipada, y hacen prácticas específicas cada 15 días.

El día termina con la recorrida viendo que todo esté en orden, hasta que cada luz de cada uno de los peines de amarra esté encendida. En medio, cientos de detalles, de historias, de necesidades de cada uno de los barcos y sus propietarios. Cada barco es un mundo”, dice.

Claudio tiene 57 años. Se ríe al contar que se casó de grande, luego de muchos puertos y viajes. Mi hijo mayor está aún en la escuela, pero dice que quiere entrar en la Armada”, resume con orgullo. Soy de los que puede decir que trabaja de lo que le gusta”, insiste, y sonríe mirando cómo se mueven con la brisa de la mañana los yates en la Bahía.